La típica pregunta, es lo mismo que la famosa pregunta del huevo y la gallina...
Con mis primeras dos hijas nunca tuve que sacar los adornos de los muebles, ni siquiera los ajenos cuando ibamos de visita. Claro, las nenas son más tranquilas, se pueden quedar dibujando horas o jugando con una muñeca (o por lo menos mis hijas eran así). Nunca esconder un enchufe ni comprar las trabas para las puertas, inodoro o esquinas. Nunca hizo falta.
Obviamente hasta el año los chicos no entienden el NO, es inevitable estar permanentemente atrás de ellos o corriendo las cosas y sacandolas. Pero a partir de ese primer cumpleaños, donde ya dejan de ser bebotes, es cuando comienza la odisea.
Mi experiencia personal, ojo; era más jóven y con más paciencia, me daba resultado estar atrás diciendo NO cada vez que agarraban algo indebido. Primero tranquila y cada vez más firme. Si al NO nro ocho seguían con lo mismo, un chirlo suave en la cola funcionaba bien.
Cabe aclarar que los "chirlos" hay que darlos siempre en el pañal, con la mano formando un hueco en la palma para que sea más el simbronazo que el dolor. NUNCA hay que pegarle a los chicos el correctivo en la mano o en la boca ya que pueden ser reprimidos en el futuro (nada grave, pero a tener en cuenta).
Todo lo escrito anteriormente me funcionó de maravillas con mis primeras dos hijas... pero después llegaron los mellis, dos varones........... y ahí cambia la historia.
Cuando comenzaron a reptar y/o gatear, mi living se convirtió en una muralla delante de cada mueble. Para que se den una idea, tengo el equipo de música en el mueble de la TV, levemente por SOBRE EL PISO; y a cada lado unos modulares con estantes donde se encuentran solo adornos (botellas pintadas, fanales, mates de distintos lugares).
Del otro lado una biblioteca con libros de hace 40 años, DVDs de películas y series antológicas (Friends y Dr. House, como algunos ejemplos) y apilada ORDENADAMENTE EN EL PRIMER ESTANTE SOBRE EL PISO toda la colección de la historia del fútbol argentino.
Con este panorama están creciendo mis hijos. La mesa ratona tapando el equipo, los puff los modulares, las sillas la biblioteca...
En la etapa de los andadores adaptamos el living a ellos, la mesa del comedor la corrimos a un costado para que tengan más lugar y poder lograr sus divertidas carreras de punta a punta. El perro, pobrecito, huía porque le pasaban por encima. Al principio estaba contento, cuando le agarraron la mano a los andadores y tomaron velocidad se iba despavorido.
Y llegó el momento de enseñarles el NO. Con tanta experiencia previa supuse que iba a ser pan comido... grave error! Uno de ellos adora usar las sillas como laberinto y reptando al ras del piso se dio cuenta que puede llegar a lugares extraños en donde siempre encuentra cosas guardadas y ojo con dejar alguna pelusa en el piso que ya se la lleva a la boca.
El otro ya se está largando a caminar y pasa de estar jugando tranquilo en el centro del living a tocar todos los botones, tirar libros, romper revistas, etc etc etc en dos minutos.
En esta etapa estoy metida en un torbellino de NO, chirlitos en la cola (que mi marido dice que son una caricia y debe ser así porque me miran y me sonríen), y una carrera constante de aca para alla sacandoles de las manos lo que agarren a su alcance.
Igualmente sigo esperanzada de conseguir mi cometido. Los adornos siguen en sus lugares y ya no los tapo más con muebles. Resulta cansador este trabajo de hormiga, pero creo llegar a buen resultado más adelante.
Mientras tanto, han quedado libros sin páginas, plantas sin hojas, casetteras rellenas de juguetes... pero yo sigo adelante!!!
En definitiva, mi consejo es.... hagan lo que puedan y tengan ganas!!!
Impresionante, jaja... tu experiencia de madre, no te sirve con estos dos, vas a tener que aprender técnicas diferentes a las que usaste con las chicas! Quizá entre los dos aprendizajes consigas dominar todos los perfiles de niño y para el quinto Maria, la crianza sea pan comido! :)
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