Ayer domingo hice por primera vez algo que tenía ganas desde que nacieron los mellis hace 15 meses... hice fiaca todo el día.
Siempre ocupada, aunque duerma una siestita, da como resultado una cabeza siempre enchufada en la locura diaria de mantener una familia de cuatro hijos, un marido, un perro y dos peces.
Esta semana ya decidimos sacarles los barrotes de las cunas porque se tiran fácilmente y se torna peligroso, así que les pondremos colchones en el piso para mayor tranquilidad y bueno, se vendrá el desastre de bajarse permanentemente de las camitas...
Algunas pocas mañanas de los domingos, los he dejado en la cuna llenas de juguetes y con una peli que les guste para poder leer el diario y desayunar tranquila. Siempre tuvo éxito porque disfrutaban bastante, se los escuchaba contentos.
Pero este domingo fui más alla.
Venía de un sábado movido, había ido con mis hijas y mi ahijada al cine, después vinieron mis cuñados con la familia a cenar. En definitiva, lindo pero cansador.
Dandome cuenta del caos que se viene cuando los barrotes de las cunas ya no estén más, decidí jugarme la ficha y los dejé TODO el día en sus cunas. Los traje al comedor para almorzar, luego durmieron sus siestas y las chicas me ayudaron preparandoles la merienda que tomaron, obviamente, en sus cunas.
Cabe aclarar que nosotros dormimos en un sofá cama en el living porque al llegar los mellis nos quedamos sin habitación disponible, y desde donde estaba acostada (con la cama hecha en el medio de la sala) veía perfectamente las cunas en su cuarto.
Las chicas estuvieron tranquilas en su pieza, la más grande haciendo fiaca y leyendo después del baile del viernes que organizó 7mo grado en su escuela, y la mediana ordenando su placard (!!!). Mi marido tuvo que trabajar, sí, un domingo.
Les expliqué bien claro a las chicas que mi fiaca era justamente porque sabía que era el único y último día que lo iba a poder hacer y me entendieron perfecto, almorzaron en sus camas mirando la tele disfrutando también ellas la fiaca y yo con una bandeja en la mia también.
A las 18 hr me levanté finalmente después de haberme devorado el diario, un libro y varios programas de la tele.
Y empezó el lío de siempre: bañar a uno, luego al otro, las chicas ya se bañan solas pero al mismo tiempo cocinar la cena, llegó mi marido, sacar al perro, lavar los platos... la vorágine normal.
Pero sinceramente disfruté tanto sin culpa ni remordimiento el placer de estar en la cama todo el día "porque sí" que lo recomiendo para hacerlo por lo menos una vez al mes.
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